GRACIOSA
La pequeña y accidentada isla de Graciosa fue descubierta en 1450 y fue rápidamente poblada por gentes procedentes de Portugal y Flandes. A pesar de la ausencia de actividad volcánica durante quinientos años, todavía hay géiseres activos en esta isla de las Azores. La principal ciudad es Santa Cruz de Graciosa, con su Casa Etnográfica y las bellas iglesias del siglo XVI y XVIII, Santo Cristo y Cruz de Barra, de estilo manuelino.
La población de la isla vive básicamente del mar, pescando todo tipo de pescado, marisco y algas, y exportando parte de ello. Tienen especial reputación las tiendecitas de artesanía donde se pueden encontrar bordados y tejidos hechos a mano. Llamada la Isla Blanca, en el centro dominan las colinas bajas y los cráteres de volcanes extinguidos. La isla es conocida por su buen vino y brandy producidos de las viñas de variedad Isabela. También forman parte del paisaje las vacas lecheras y los bueyes que trabajan los campos.
Es de visita obligada la Caldeirinha, desde donde se puede disfrutar de espectaculares vistas de las otras islas centrales o de los manantiales termales de Termas de Carapacho, especialmente indicadas para las enfermedades de la piel y los huesos.
Las grutas de Algar do Carvâo y la caverna sulfúrica de Furna do Enxofre conducen a un antiguo cráter con un lago subterráneo.

Aquí se filtra la luz solar al mediodía. También vale la pena visitar Guadalupe con su iglesia barroca, y los molinos de viento de Luz y Praia.
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