Desde el Kanchenjunga…las grandes montañas del Mundo
Como algunos sabéis hace unos meses viví uno de los golpes más duros de mi vida, Iñigo, mi pareja, moria en Nepal, descendiendo de la tercera montaña más alta del Mundo, el Kanchenjunga de 8586mt. Su corazón dejo de latir a 8000 metros, y su cuerpo ha quedado para siempre entre el hielo y la nieve.
Pero no os escribo para contar este trágico momento, que algunos habéis vivido desde cerca, sino para ver todo lo que hay detrás del mundo de las grandes montañas.
Como sabéis soy amante de los viajes de relax, de playa y lujo, y diréis ¿que hacía con un montañero?
La respuesta es sencilla: aprender. Aprender a maravillarme con paisajes espectaculares: como la cara norte del Mt Everest (8844mt), la magnificencia de los hielos del Mt. Mckinley (6194mt) en Alaska, la montaña más fría del mundo; o la admirar la gran belleza del K2 (8611mt) en Pakistan.
O en este caso con la grandeza del Kanchenjunga, la montaña sagrada, con 5 picos de más de 8000mt, que simbolizan: la sal, el oro, el grano, las armas y las escrituras, que estan a la espera para el viaje iniciatico.
Cada montaña tiene dentro de si 1000 historias que contar, cada paso de una expedición es una huella profunda que queda marcada, ya sea con el exito o con la tragédia.
El mundo de la montaña es duro, pero cuando te acercas a él, ves las nubes a tu alrededor, el sentimiento de tener el Mundo a tus pies, todo se transforma en una dulce calma delante del esfuerzo y el sacrificio más grande: de los dias sin comer bien, durmiendo mal, lejos de los que más quieres, y con la alterta siempre constante a lo que la montaña nos depara.
Para compartir una expedición, se requiere experiencia, valor, sacrificio,y un sentido de la vida, y de la muerte enorme.
Para los “mortales”, dicen que nos preparan un hotel en el campo base del Everest:
http://desnivel.com/deportes/expediciones/object.php?o=15930
Yo sinceramente, espero el momento, no solo por lo que un 8000 significa para mi, sino para al menos durante un rato, sentado en una terraza contemplar las escaleras de hielo, valor, nubes y sufrimiento que hay para llegar a la cumbre de los dioses, algunos convertidos en angeles durante el camino.
Iñigo descansa en un gran mirador, con el mundo a sus pies, y nos invita a contemplar la grandeza de estos tesoros de la naturaleza.
Por mi parte, a parte de la dolorosa experiencia, os animo a conocer todo este mundo: viajar a Nepal, ver el Himalaya, con sus 8000, los 7000, ir a Pakistan a ver el gran K2, o adentrarnos en Alaska, para ver un 6000, lleno de masas de hielo que quitan el aire.
Os animo a viajar para ver todo lo que una expedición implica: lo que se aprende en la montaña, de la montaña y de la amistad, el sacrificio, la convivencia y el amor. Aunque sea desde la barrera, o la cómoda distáncia de un viaje organizado.

Molt maco el que has posat, Maria